Inconsciencia mental y moral de nuestro propio ser y la creencia de saber de lo que no somos, es lo que orilla a las personas a destinos muy distintos, pero con la misma esencia. La auto-negación de la paz y el amor, tanto al sujeto mismo, como a los que le rodean.

Uno de ellos y común de las nuevas generaciones por ser la respuesta fácil a la ridícula existencia del ser, es el ahogamiento mental de las verdaderas necesidades del sujeto por las banalidades efímeras de sociedad en que vive. Las modas, la supresión del espíritu crítico y la autonomía mental en el manto del forzado pensamiento colectivo con el fin de integrarse a la unidad de la masa, representan sólo la falsa protección que el mismo sujeto no se puede dar.

Esa necesidad básica de protección radica en gran medida a que, el sujeto, en el interior, no cambia en nada durante toda su vida (a los treinta cuarenta o cincuenta años es únicamente un niño en un cuerpo que le obliga por razones que aún no comprende a comportarse y tener actitudes, que en realidad no comprende, pero que por temor a quedar desprotegido de la masa, debe aparentar a sus semejantes), y por eso mismo necesita confiar la protección que le manifestaba su madre en sus primeros años de vida a nuevas formas de ocultar su “verdadero yo” pasando por amistades adolescentes en confusión emocional, relaciones subordinadas de trabajo, relaciones sádicas y masoquistas de pareja, relaciones políticas y/o públicas, relaciones de impotencia ante el Estado.

Esta inmensa opresión sobre el sujeto no deja escapatoria más allá del profundo sueño inducido por el marketing de los monopolios internacionales, del consumismo y del deseo de no separarse del rebaño social, es así como compramos todo una y otra vez, todo esta a la venta, incluso el mismo sujeto se pone un valor, el valor de sus vestimentas, el valor de lo que come, el valor de donde esta parado, incluso fija el valor de las personas según sus costumbres y pensamientos, incluso da valor y compra el conocimiento y las capacidades físicas e intelectuales de las demás personas, además se compra así mismo en conjunto a uno de los mayores productos, y mejores vendidos en la historia, Dios.

Es así como la teología representa, tanto como el enclaustramiento en algunas áreas del conocimiento, la limitación a la libertad del ser, es tan dañina como la ignorancia. No se puede vivir con una o con la otra, es decir, estos polos opuestos, en cualquier ambiente en el que se desenvuelva el ser, llámese, ambiente laboral, sexual, marital, mental, intelectual (que es muy diferente al mental), cultural (incluido el arte), son la representación de la supresión del ser en uno que otro aspecto.

Sin embargo tiene explicación toda pérdida de integridad del sujeto, partiendo de que sus pensamientos no son suyos, son sólo el resultado de vivir en uno de los polos, me refiero, por poner un ejemplo, a la intolerancia a las “nuevas formas de pensar” de los grupos conservadores religiosos, como a la anarquía sin sentido de algunos grupos “ateos”.

Luego entonces el sujeto se encuentra con las fuerzas invisibles que manipulan sus pensamientos, sus emociones, sus razonamientos, su mente, se convierte en un autómata de la supervivencia, como los animales en la selva, le sucede una regresión a la época prehistórica, y comienza a actuar por arco reflejo, extinguiendo su individualidad, aunque paradójicamente, su entorno le bombardea el cerebro diciéndole que es único, y que puede lograr sus sueños, sueños que irónicamente, son manipulados y moldeados por aquellas mismas fuerzas que le son desconocidas.

Es como adquiere un poder inmenso el uso del dinero y la explotación, las ambiciones se expanden al punto en que el humano deja de ser humano, para convertirse en una maquina de trabajo, manipulado mentalmente para que se sienta feliz trabajando, u obteniendo “buenos” resultados en cualquier cosas que haga, no importando si ha asimilado algo de lo que hace, esto se observa claramente en el análisis del comportamiento de los estudiantes en todos sus niveles escolares, en la manera de obtener sólo una nota que sea satisfactoria para su circulo social, sin preocuparse en que los conocimientos fugazmente adquiridos desaparecerán tan rápido como aparecieron.

Es entonces un problema de raíz lo que amplifica los complejos del sujeto, convirtiéndose en un ente limitado por sus propios paradigmas, paradigmas que por un lado, le exigen libertad de un modo idealizado por la manipulación de la masa, y por el otro le esclavizan a la consecución de los fines de la masa que es manipulada por quién jamás sabrá de su existencia.

Se concluye que es el mismo sujeto el que se a destruido así mismo, por miedo a la soledad, esa misma soledad, le orilla a buscar de una manera casi tan estúpida lo único que anhela casi todo ser en la historia en todo el planeta, el amor, olvidándose que “En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos” sin embargo, es ese mismo miedo el que nos impide ver dicha realización.

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